sábado, 18 de septiembre de 2010

La fuente

Bueno, este es un cuento que tiene parientes. Junto con un par de amigos, que luego publicarán los suyos, escribimos cada quien un cuento con la misma base: una banda de música que es estafada. Y el mío dice así:


-La ciudad de Mérida nunca ha tenido un grupo de rock fuerte- Dijo Melquiades Kan (el melvin), mientras observaba la lluvia tras el vano de la ventana principal de “la fuente”.


Eran alrededor de las 4 p.m. y en “la fuente” sólo estaban Melquiades, sus amigos y el hombre que atendía el lugar, quien también parrandeaba con ellos. Ese sábado se habían reunido todos: Juan Pelaez

(el pichón), Natalio Reyes (el natas), Ivan Rojas, Javier Martínez (el defectuoso) y por supuesto Melquiades. Llevaban ahí tres horas, bebiendo cerveza y platicando, por momentos detenían la plática para cantar en el karaoke, Juan, que era el más joven, disfrutaba siempre de presumir su entonada voz para que le aplaudieran.

-Sí melvin, pero ya estamos muy rucos, yo más que nadie- Fue la réplica de Javier. Él era el mayor de todos, con 50 años cumplidos. Le decían “el defe” porque había llegado en los setentas a Yucatán, huyendo de la guerra sucia, procedente del distrito federal. Fue Natalio, oriundo de Mérida, el que le invitó a refugiarse allí, estudiaban juntos ingeniería civil en el Politécnico. Después de varias ocupaciones, entre ellas baterista, halló cierta estabilidad económica importantdo y proyectando películas difíciles de hallar en aquella urbe peninsular, de alguna forma durante la época hubo cierto auge cinéfilo precisamente en la capital yucateca, y su cineclub tuvo éxito. Poco a poco fue haciéndose de una amplia clientela y ahora, después de la aparición del vhs y el dvd, le iba muy bien con su videoclub “Celuloide”. -Además ese pedo toma mucho tiempo, hay que dedicarle un buen rato, ora, ninguno de nosotros es un buen músico- terminó.

-Pero podríamos ponernos a practicar. Aver, el pichón canta re bien, la verdad, el Ivan ya toca bien la guitarra, el Natalio no sabe tocar nada, pero él puede dedicarse al bajo y ya estuvo. Yo me pongo a practicar con la lira y tú con la bataca, al fin que todavía la tienes ahí. Todos nuestros hijos ya están grandecitos y el pichón no tiene pa cuando tenerlos, así que podríamos dedicarnos más rato, en vez de solamente venir a ponernos pedos, tocamos y nos ponemos pedos. No perdemos nada-

A carcajadas y aplausos fue aprobada su idea. Por fin, después de un mes de estar flirteando con la idea, se convencieron de hacer algo que muchas personas sueñan con llevar a cabo. Iban a formar un grupo de rock y no sólo eso, iban a hacerlo en Mérdia, donde la música banda y la música tropical habían monopolizado el mercado musical.

El único que parecía preocupado era Natalio, de pronto le vino a la mente que el único instrumento que había logrado tocar era la trompeta; durante aquellos años en la secundaria estatal “Gonzalo Guerrero”, interpretó varias veces las notas requeridas para las ceremonias patrias. Un tanto derrotado por dentro bebió más. Dos cervezas después el natas se sentía dispuesto y capaz para dicho reto.

Así pues, se hizo de noche. Ya a las nueve habían juntado los instrumentos en la parte trasera del “Celuloide”. Una lluvia de sonidos a la deriva se soltó a las diez y cuarto; para las once se habían cansado ya de su incongruencia como banda musical, decidieron aprender y practicar.


Ya llevaba 24 clases de bajo y decidió que estaba listo para empezar su carrera musical. Natalio lamentó aquella decisión de sus padres por inscribirlo a la escuela militar, las cortas partituras de la música marcial no le permitirían desarrollar su parte artística, era algo tarde cuando percibió su talento nato.

No era un talento heróico en el que lograba interpretar a un jazzista maestro a pesar de su desperdicio de aptitudes, pero lograba sonar como un bajista. Orgulloso por la calle caminó a casa de Melquiades, tocó “un par de rolas” en dos esquinas diferentes, ganó quince pesos. Con eso compró flores para melvin. Era un día particularmente bello, durante toda la mañana una nube muy bien definida contrastando con el azul del cielo, había obstruido al sol parcialmente y ya eran las dos y cinco. No se rostizaba uno caminando por la calle.

-Te acordaste de mi cumpleaños natas. No pus ¡gracias!-

-¡No que! Te las traje por que ya me sale “interpuesto”, la de los dors. A la noche nos la aventamos.

-Orale, ya vas mi natas.

La banda comenzaba a integrarse, todos habían estado trabajando, practicaban tres veces a la semana y componían ritmos propios.

La familia del melvin parecía impresionada. Su esposa no dió crédito al principio, supuso que acabaría al primer mes, pero continuaba el ruido del local de junto cada martes, jueves y sábado, en ocaciones hasta en domingo retumbaba el eco del bombo sobre la calle portales. Regina, su hija más grande gustaba de, por fin, escuchar covers de las bandas clásicas que su padre le inculcó. Pocas compañeras de escuela solían escuchar a “the eagles”.

Un viernes llegó la hora, el grupo “sac'be” se presentaría a las diez p.m. en “la fuente” restaurante bar para su debut.


Tiñendo de un verde rancio el escenario languidecía una lámpara blanca, pero nadie la notó. Los integrantes del grupo estaban tan nerviosos que uno resbaló sobre la tarima, lo bueno es que, como a la lámpara, nadie lo notó puesto que colocaban en ese momento el sonido. Las nueve cuarenta y cinco, Ivan se ofuscó por el retraso y hostigaba a los demás con el tema, lo que en realidad era una forma de descargar su ansiedad sobre los otros. El pichón ensayaba su postura y gesticulación en el espejo del lavabo, cuando alguien se le acercaba disimulaba mimificando una peinada, su pantalón de camuflaje militar le animaba a plantarse delante el público, recordó que su padre perteneció a la armada en los cuarentas.

Todavía tembloroso Juan presentó a la banda, somos sac'be. Fue lo único. Y la guitarra tronó en un portentoso LA sostenido, “Love me two times girl...”, la hija de Javier, enamorada de la voz del amigo de su papá, cantaba extasiada. Fue un buen día para la barra del lugar, se vendieron dos mil pesos, en su primer concierto hubo tanto aforo que el dueño decidió que los viernes el karaoke le daría un espacio a la música en vivo de “sac'be”. La fiesta del debut acabó poco antes de las cuatro de la mañana y hubo que sacar a rastras al borrachín de la cuadra, ya que se unió a la celebración demasiado tarde y solamente para berrear sus penas.

Meses transcurrieron y en “la fuente” las mesas ya no eran de plástico patrocinadas por “corona”. Tal era el éxito del grupo que pronto la gente iba desde estados aledaños a verlos. Las canciones que componían ellos mismos eran más solicitadas que sus covers. Así fue pasando el tiempo, durante los primeros dos años no salieron de la ciudad, ni del bar , pero el tercero estuvo lleno de giras por toda la región, en una ocación llegaron hasta playa del carmen, tomando esto como la oportunidad de vacacionar con sus familias, no fue el caso de Juan, quien pasó un excelente fin de semana junto a una mujer Italiana que se encontraba en el lugar como turista. Dichas vacaciones salvaron la relación matrimonial de Melquiades, que se tambaleaba por la inconformidad de su esposa con su nueva actividad. Y lo que pasaba es que la hija de Melquiades era apenas una quinceañera, su nombre era Fernanda y el de su madre Violeta, insistía en que su padre las había abandonado por ir a tocar. En verdad le molestaba, y no necesariamente era el hecho de la corta edad de su hija y la ausencia de un padre.


-Las cuatro de la tarde- Natalio solía denunciar la hora a la que su mujer tenía la comida hecha, no era fácil para él comprender que aquella con la que se había casado no pudiera preparar comida para cuatro personas antes de las dos y media, hora a la que estaba acostumbrado comer con su madre. Hacía 21 años desde que se casaron y entonces, como ahora, hallaba el hecho de comer a “destiempo” muy desagradable. María ni siquiera lo miró, estaba tan acostumbrada, sólo dijo -provecho-.

El teléfono fue contestado hasta el octavo timbrazo. -Muy insistente- pensó Natalio.

-Bueno- Contestó secamente.

-Buenas tardes ¿El señor Natalio Reyes?. La voz sonó de un acento foraneo, probablemente del bajío.

-Sí, soy yo ¿Qué se le ofrece?

-Mire, he oido su grupo musical, sac'be, y quisiera proponerle algo.

-Ajá.

-Primero platique con los demás, pero escucheme. Represento al estudio R&R, de la ciudad de México, quisieramos grabar un disco de su música ¿Les gustaría grabar un disco?

-Pus mire, sí lo hemos pensado, pero en realidad tenemos que consultarlo, porque no andamos con mucho tiempo, ni dinero, ya nos han dicho, pero no hemos podido.

-Sí, por eso, le digo que primero platique con sus compañeros. Le doy un número y si están interesados me hablan. No se requiere de mucha inversión de tiempo ni de dinero. Aproximadamente sale en unos cuatro quinientos.

-¿Cuatromil quinientos?- Le interrumpió.

-Sí, es la inversión que ustedes hacen, tal vez un póco más, pero eso ya sería cuestión de las eventualidades. Y sólo es que vengan al estudio preparados y grabamos en un día.

-Bien, pus, deje platico con los demás y le hablamos.

-De acuerdo, de verdad les conviene, a todos nos conviene. Ya vimos que son una banda famosa y estamos muy interesados.

-Sí sí, diga ¿Cuál es el número?

-Es cincuenta y cinco, bueno, usted lo marca cero cuarenta y cinco, cincuenta y cinco, veinticuatro, cuarenta, diez y nueve, setenta y uno. Es un número celular, es mío, me llamo Joaquín Díaz.

-Sí.

-Bueno, pues agradezco su atención y espero aproveche la oportunidad.

-Buena tarde pues. Gracias.

-Hasta luego, buen día.


A la hora de la noticia el más emocionado era Juan. Propuso comunicarse de inmediato con Joaquín Díaz.

-No mi pichón, aguantate tantito. No lo hemos platicado.- Melquiades era el más interesado en formar una banda, pero como las cosas habían estado bien últimamente con su esposa, que ya se había adaptado un poco al nuevo modus vivendi, le asustaba la idea de que la buena nueva devolviera a su consorte a la locura.

-Ay no mames melvin ¿Qué vamos a platicar?... bueno, ta bien, platiquemos.- Juan parecía desilusionado.

-Sí, es que, mi vieja ha estado tranquila y quiero aprovechar güey, namás veía cómo jodeme con eso y orita quiero andar en paz.- Contestó Melquiades.

-A ver mi melvin ¿Queremos grabar un disco?- Inquirió Natalio.

-Sí.- Iván a sus cuarenta y siete años soñaba con hacer un disco con su banda.-Bueno es que ¿si no qué güey? Pus habíamos dicho que estaría bueno grabar un disco ¿No?-

Tardaron más en que les contestara Joaquín Diaz, que en convencer a Melquiades.


Catorce canciones suyas y dos covers sería el contenido del disco. El día de la grabación trabajaron durante 24 horas. Iván nunca había dedicado tanto empeño a una tarea. El puesto de guitarrista le causaba adicción, era un sentimiento venerable, la vida se aceleraba cada vez que se presentaban delante un público. Para él esto le mantenía con vida, permaneció imperceptible hasta el momento en que se hizo guitarrista de un grupo musical. No renunciaría a ello fácilmente.

Juan no había dormido en tres días, la emoción exhacerbaba su insomnio. Aquel gran día se emborracharía por la noche. Melquiades bebería también, pero se detendría a la sexta cuba libre, la vida marital lo había vuelto sobrio y aburrido, según la versión de Juan. Violeta, a quien ahora llamaban “yoko” los integrantes de sac'be, permanecía neutral, inmutable, a pesar de todo había deseado suerte a los muchachos a la hora de comenzar a grabar, para su marido era como recibir la bendición del papa, no le acosaba más el sentimiento de culpa y la manipulación de su esposa. El productor, Joaquín Diaz, no paró en toda la noche de fumar, habrá consumido alrededor de 4 cajetillas. Era un hombre trabajador, con mucha energía, de aquellos en los que se confía rápidamente.

De la familia de Natalio ninguno acudió a la sesión, era el cumpleaños de su suegra y los hijos querían mucho a la abuela, incluso él la estimaba y mandó un regalo con la dedicatoria “Para mi querida suegra”. La viejita se hacía querer. El hecho de que la suegra ganara la atención no le hacía sentir mal.

Para Javier y su familia el viaje de regreso fue un suplicio, el autobús de regreso a Yucatán era demasiado incómodo para descansar después de veinticuatro horas de grabación. -Lo siento, pero no alcanza para hotel porque fueron cinco mil seicientos lo que pagamos pal disco- Fue el argumento de Javier para convencer a sus hijas de regresar tan pronto acabaran.

Iván y su hijo Iván Alejandro recorrieron parte del centro de la ciudad durante la tarde noche, cenaron en un lugar donde preparaban churros y chocolate, y al otro día regresaron a Mérida.

El productor y su equipo comenzarían a trabajar en el disco al día siguiente. Todo pintaba magnífico.


Llegó el día en que Joaquín contactaría a los sac'be, decidieron reunirse para recibir la noticia juntos. A las 11:30 de la noche decidieron no esperar más, y exactamente doce horas después Ivan y Juan desesperados marcaban al número celular de Joaquín. No contestó.

Esperaron varios días, después semanas, y para los dos meses ya no esperaban. Se hallaban discutiendo un día, al respecto del disco, se culpaban los unos a los otros, habían sido estafados por un tipo diez años menor que Juan, un rastrero ladrón que los engañó con maestría, y no podían hacer nada.

Planearon una venganza, irían a su dirección en el D.F., él les había dado el domicilio en el que vivía, querían por lo menos reventar los cristales de su auto. Les dolía sobre todo que antes de desaparecer había pedido un depósito de tresmil pesos, -Es que somos un estudio pequeño, pero si sale bien lo recuperamos todo- así los convenció.

Julio veintidos, el día de la venganza de sac'be había llovido toda la mañana, el sol comenzaba a clarear, iluminando el pasto con un amarillo vespertino, había poca gente en el lugar. La colonia “el chamizal”, en la delegación “Tlalpan”, era silenciosa. El rocío permanecía en la flores que depositaba Natalio sobre la tumba, era blanca y hecha con un material parecido al mármol, el momento era solemne y callado. Incidentalmente los hombres que buscaban venganza se vieron envueltos en una visita al panteón. Con caras grises se preguntaban cosas, era desconcertante el cuadro, todos veían hacia el mismo lado, incluyendo a la inconsolable madre, y sin decir nada leyeron el epitafio “Joaquín Diaz Morán, 1981-2008”.

Aarón Xelhua. Cuetzalan, Puebla 2010.